Más que un derecho incumplido:
La educación inicial como una política de
Estado pendiente
Jorge Martínez Stack
ORIENTA
Instituto Mexicano de
Orientación y Evaluación Educativa, S.C.
En su más reciente colaboración para *El Universal* (8 de noviembre de 2025), el Dr. Manuel Gil Antón ofrece un diagnóstico lúcido y necesario sobre las enormes deficiencias en cobertura de la educación inicial en México. Según los datos que cita, apenas el 3.8 % de las niñas y niños menores de tres años acceden a servicios institucionales, lo que equivale a un incumplimiento masivo del derecho constitucional que el artículo 3º reconoce como obligatorio y responsabilidad directa del Estado.
Su tono es de justa indignación: un derecho no ejercido es una injusticia.
Sin embargo, aun reconociendo la pertinencia de su crítica, creemos que su análisis deja fuera un aspecto crucial: la educación inicial no es solo un asunto de cobertura, sino el cimiento estratégico del desarrollo nacional. Su valor no se limita a brindar espacios de socialización o juego; es la etapa donde se construye la arquitectura cerebral, la base afectiva y el andamiaje social sobre los que descansan las capacidades de aprendizaje, convivencia y productividad de toda una generación.
1. La educación inicial: mucho más que juego y socialización
El Programa Sintético de Educación Inicial (Fase 1, 2023) —poco mencionado en los debates públicos— no se reduce a un enfoque lúdico o asistencial. Está organizado en cuatro campos formativos:
• Lenguajes: narrativo, corporal, artístico y digital.
• Saberes y pensamiento científico: exploración sensorial, relación causa-efecto.
• Cuidado de sí y de los otros: autonomía, empatía, higiene, autorregulación.
• Ética, naturaleza y sociedades: identidad, pertenencia y sostenibilidad.
Estos campos responden a una base neurocientífica sólida. Sabemos que entre los 0 y 3 años ocurre hasta el 90 % de la consolidación de la arquitectura cerebral (Center on the Developing Child, Harvard). En ese mismo periodo se generan hasta un trillón de sinapsis, cuya densidad depende de los estímulos y del entorno afectivo. Las funciones ejecutivas —memoria de trabajo, control inhibitorio, planeación— se fortalecen con interacciones adultas responsivas y sostenidas.
En otras palabras: la educación inicial no es un lujo lúdico, es una inversión en capital humano y social. Cada año sin acceso implica pérdidas irreversibles en desarrollo cognitivo y socioemocional. James Heckman lo demostró hace dos décadas: el retorno económico y social por cada dólar invertido en primera infancia es el más alto de todo el ciclo educativo.
2. La política del abandono: cuando “los niños no votan” Si la cobertura es precaria, las decisiones de política pública recientes agravaron el problema. El cierre del programa de Estancias Infantiles de SEDESOL (2007-2019) y su sustitución por transferencias monetarias directas representaron un retroceso estructural.
Modelo anterior (2007-2019):
- 9 000 estancias, 330 000 niñas y niños
- Personal capacitado en pedagogía, nutrición y salud
- Horario extendido de 8 horas
- Supervisión educativa y de seguridad
Modelo actual (2019-2025):
- Becas de $1 600 bimestrales sin supervisión
- Familias sin formación pedagógica
- Cuidado informal (abuelas, tías)
- Ausencia de estándares y seguimiento
Las consecuencias están documentadas:
- INEGI (2023): aumento del 18 % en trabajo infantil (6-11 años).
- CONEVAL (2024): 62 % de madres beneficiarias reportan estrés y falta de estímulos educativos en casa.
- Estudio longitudinal (UIA, 2025): los niños que asistieron a las antiguas estancias superan en 0.4 DE en lenguaje y autorregulación a quienes solo recibieron beca.
La política de transferencias desprofesionalizó la educación inicial, trasladando la carga de cuidado a las madres trabajadoras y acentuando las desigualdades de género y clase.
3. Reconstruir el cimiento: hacia un pacto nacional por la primera infancia
México posee un currículo de vanguardia y marcos normativos claros, pero carece de una política pública integral. Si la educación inicial es el punto de partida de la justicia educativa, se requiere un compromiso de Estado que trascienda el sexenio.
Acciones prioritarias:
1. Recuperar y ampliar la red de centros públicos de calidad (CENDI 2.0): con una proporción ideal de 1 adulto por cada 4 niños y currículo supervisado.
2. Profesionalizar a 100 000 agentes educativos en cinco años: mediante formación dual (bachillerato + pedagogía).
3. Condicionar las transferencias económicas a la participación en programas supervisados de estimulación temprana.
4. Evaluar procesos y no solo matrícula: medir interacciones, bienestar, uso del lenguaje y desarrollo socioemocional.
Una conclusión preliminar
El Dr. Gil Antón tiene razón en su diagnóstico de exclusión. Subestima, sin embargo, el potencial transformador de la educación inicial y el daño estructural que ha significado su abandono político.
La educación inicial no es una promesa pendiente: es el punto de partida de toda justicia social. Un país que renuncia a educar a su infancia desde la cuna no ahorra recursos: hipoteca su futuro.
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