lunes, 5 de enero de 2026

Comunicado del Seminario de Investigación en Juventud de la UNAM

 



A nuestros colegas

A la sociedad en general

Después de casi 18 años de trabajo continuo, sostenido y comprometido, les informamos que la Secretaría de Desarrollo Institucional (SDI) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), decidió dar por concluida la Coordinación del Seminario de Investigación en Juventud (SIJ) que hasta el 30 de diciembre vine desempeñando junto con todo el equipo que durante esos años me acompañó en esta trayectoria.

A lo largo de casi dos décadas, el SIJ se consolidó en dos vertientes que le dieron orientación y sentido a nuestro actuar: primero, contribuir a la consolidación del campo de investigación en juventud en nuestro país, como parte de un esfuerzo latinoamericano que construimos con múltiples colegas, amigos y amigas que compartían el mismo interés; segundo, hacerlo precisamente como una organización colaborativa, incluyente y abierta a diversas perspectivas, enfoques e instituciones que se integraron a un espacio académico y colectivo convencidos de que el estudio, la reflexión y el trabajo con las y los jóvenes son fundamentales para comprender la realidad social, política y cultural de nuestro país y continente. Desde esa convicción se impulsaron investigaciones, encuentros, proyectos formativos y redes de análisis y diálogo que hoy forman parte de una historia compartida con múltiples actores universitarios y sociales.

Como equipo de trabajo, ofrecemos una sentida disculpa a todas las personas, colectivos e instituciones con quienes tenemos proyectos pendientes. Queremos expresar con claridad que buscaremos, en la medida de nuestras posibilidades darles salida y seguimiento, honrando los compromisos asumidos y el trabajo construido en conjunto.

Consideramos que esta decisión resulta lamentable. No obstante, a partir de este momento, el equipo actual del SIJ se deslinda de manera expresa de cualquier uso futuro del nombre del Seminario, así como de sus logotipos, correos institucionales, páginas web y demás espacios oficiales asociados a la UNAM. 

Las redes sociales del SIJ permanecerán activas únicamente por un par de semanas más, con el fin de cerrar procesos de comunicación en curso. A partir de entonces, cualquier comunicación relacionada con el equipo de trabajo se realizará exclusivamente a través del correo electrónico seminjuv@gmail.com

Nos despedimos con profunda tristeza del SIJ, pero también con la certeza de que el compromiso con las juventudes no depende de una estructura académica-administrativa; por lo tanto, seguiremos en el campo desde otros lugares, volviéndonos a encontrar, porque el trabajo con las y los jóvenes es una tarea colectiva e irrenunciable.

Agradecemos profundamente a la comunidad universitaria y a la sociedad en general el acompañamiento, el diálogo y la confianza depositada a lo largo de este camino compartido. Y qué mejor que un hasta luego, con los versos de Joaquín Sabina:

Así que de momento, nada de adiós muchachos.

Me duermo en los entierros de mi generación. 

Cada noche me invento, todavía me emborracho.

Tan joven y tan viejo, like a Rolling Stone.

José Antonio Pérez Islas y equipo de trabajo del Seminario de Investigación en Juventud 2008–2025

Ciudad de México, 5 de enero de 2026.

jueves, 4 de diciembre de 2025

Entre el diagnóstico y la responsabilidad compartida: un llamado a repensar la educación superior mexicana

El reciente texto de Imanol Ordorika, publicado el jueves 3 de diciembre de 2025 en el periódico La Jornada, ofrece un diagnóstico preciso, y necesario, del estado de la educación superior en México. Su fuerza radica no sólo en la enumeración de fallas de política pública, sino en su capacidad para situar el debate en un momento crucial: dos transiciones sexenales, grandes expectativas constitucionales y, sin embargo, una ausencia persistente de proyecto nacional. La educación superior, como advierte Ordorika, sigue atrapada entre la retórica del cambio y la realidad del estancamiento.

En mi opinión acierta al subrayar tres rasgos centrales del periodo reciente: la falta de un proyecto integral para el sistema, la insuficiencia y regresión del financiamiento, y la creciente distancia entre el Estado y las universidades públicas. El análisis está anclado en datos verificables -cobertura, presupuestos, costo por estudiante- y revela con claridad que, sin recursos y sin dirección estratégica, los avances legales en materia de gratuidad, obligatoriedad y autonomía quedan reducidos a aspiraciones formales.

Sin embargo, el texto del Dr. Ordorika también abre una oportunidad para ampliar la mirada hacia otras dimensiones que explican la crisis y que deben ser parte de cualquier agenda seria de transformación. La educación superior mexicana no sólo enfrenta problemas derivados del diseño federal o del presupuesto, sino también desafíos estructurales dentro de las propias instituciones, que rara vez ocupan el centro del debate público.

Una de esas dimensiones es la situación de los profesores de asignatura, quienes representan entre 60% y 70% de la docencia universitaria. Se trata de la columna vertebral invisible del sistema: docentes que sostienen la operación cotidiana de las universidades y que, sin embargo, suelen laborar en condiciones precarias, con bajos salarios, múltiples contratos temporales, cargas fragmentadas y escaso acceso a formación o estabilidad. Esta estructura de empleo académico no sólo profundiza desigualdades internas, sino que compromete de manera directa la calidad educativa, la continuidad curricular y la posibilidad de implementar innovaciones pedagógicas. Cualquier política pública orientada a la calidad o a la equidad en la educación superior simplemente fracasará si no se enfrenta la precarización docente de manera frontal.

Otra dimensión ineludible es la crisis de los sistemas de pensiones universitarias, un "volcán financiero"  cuya explosión ha sido diferida por años mediante transferencias extraordinarias y acuerdos parciales. Muchos regímenes de beneficio definido heredados de décadas pasadas son financieramente inviables; absorben recursos crecientes, limitan la planeación institucional y ponen en riesgo la sostenibilidad de la expansión educativa. Atender la viabilidad actuarial de estos sistemas ya no es una cuestión administrativa: es una condición de supervivencia para las universidades públicas.

A ello se suma el papel de los sindicatos universitarios, actores fundamentales en cualquier proceso de transformación. No es posible reformar pensiones, renegociar condiciones laborales o profesionalizar la planta académica sin su participación activa. Pero también es cierto que algunas prácticas sindicales -rigideces, opacidad, resistencia a evaluaciones, defensa de estructuras laborales que ya no corresponden a la misión académica- han dificultado la modernización institucional. Una política pública de educación superior que ignore a los sindicatos está condenada al fracaso; pero una que no dialogue sobre la necesidad de renovación sindical, transparencia y corresponsabilidad también lo está.

Incorporar estas dimensiones no debilita el argumento del Dr. Ordorika: lo fortalece. La crisis de la educación superior no es responsabilidad exclusiva del gobierno federal; tampoco es un problema que las universidades puedan resolver sin un marco nacional coherente. Es una responsabilidad compartida, y requiere un nuevo pacto entre Estado, instituciones, trabajadores académicos, sindicatos y sociedad.

Por ello, la columna de Ordorika debería funcionar no sólo como diagnóstico, sino como convocatoria. Un llamado urgente a que las y los estudiosos de la educación superior, especialistas en política pública, analistas institucionales, rectores, rectoras, legisladores, sindicatos y responsables de planeación educativa participen en un proceso de deliberación seria, plural y basada en evidencia, orientado a diseñar, entre otros aspectos:

·        principios para una política nacional de educación superior;
·     lineamientos para un programa de gobierno con horizonte de 10–15 años;
·        propuestas para la profesionalización del personal académico;
·        alternativas viables para la reforma de los sistemas de pensiones;
·        mecanismos de diálogo social y renovación sindical;
·        criterios para una expansión con calidad y equidad;
·        modelos de financiamiento multianual y sostenido.

El país necesita más que diagnósticos: necesita voluntad colectiva para transformar su sistema universitario. Sin un proyecto claro, sin responsabilidad compartida y sin reformas estructurales, la educación superior seguirá oscilando entre la austeridad, la improvisación y la confrontación política.

La ciudadanía ya manifestó su deseo de cambio.

La pregunta ahora es si el Estado, las universidades y los actores del sistema estarán a la altura del desafío.


martes, 25 de noviembre de 2025

 

                  


  

Carta pública al Dr. Manuel Gil Antón

 Estimado Dr. Gil Antón:

Te enviamos un cordial saludo y nuestro más grande reconocimiento por tu constante contribución al análisis educativo en México. Desde hace años, tus columnas han tenido un efecto invaluable: poner frente a la opinión pública problemas estructurales que suelen quedar confinados a aulas académicas, informes técnicos o conversaciones especializadas.

Tu reciente texto “Estar en la escuela: destinos desiguales” (publicado en El Universal) nos interpela con claridad y solidez intelectual. La secuencia estadística que reconstruye —desde el ingreso a primaria hasta la culminación de la educación superior— es tan simple en apariencia como brutal en significado: de cada cien niñas y niños, apenas una parte logra recorrer la ruta que la Constitución reconoce como obligatoria y universal. Ese dato, presentado en clave humana y no solo numérica, incomoda como debe incomodar una verdad que el país ha normalizado.

En ORIENTA coincidimos contigo con el sentido de urgencia que plantea: la exclusión educativa no es un fenómeno marginal, sino el resultado acumulado de desigualdades persistentes que la escuela, en lugar de corregir, reproduce o amplifica.

Al mismo tiempo —y lo planteamos con espíritu de diálogo más que de disenso— nos gustaría ampliar una parte del planteamiento final de tu columna: la idea de que la solución requiere, ante todo, una figura con visión de estadista y liderazgo excepcional.

Entendemos, como nos los has recordado en múltiples conversaciones previas, que el espacio de una columna en prensa escrita obliga a la síntesis y a tomar decisiones discursivas que dejan fuera matices y complejidades. Una columna no es un ensayo, ni una ponencia, ni un proyecto de nación: es una chispa que prende o motiva el inicio de la conversación colectiva.

Mi reflexión complementaria no es un cuestionamiento a tu intención, sino una invitación a continuar la discusión en una dirección que considero conveniente y necesaria.

El desafío educativo que enfrentamos no es únicamente —ni principalmente— una cuestión de voluntad individual. El problema no radica en la ausencia de una figura iluminada, sino en la ausencia de un Estado capaz de sostener políticas públicas estables, equitativas y transexenales. Es decir: No es falta de voluntad: es falta de Estado.

Las transformaciones educativas duraderas en el mundo —Portugal, Uruguay, Ontario, Finlandia, Corea del Sur— no surgieron de una persona providencial, sino de acuerdos amplios, instituciones fuertes, participación social y compromisos sostenidos más allá de los ciclos electorales.

Considero que tu columna abre precisamente ese espacio: el reconocimiento de la magnitud del problema y la urgencia de construir un horizonte común que no dependa del liderazgo excepcional, sino de la responsabilidad pública compartida.

Agradezco tu trabajo, tu persistencia y tu voz —siempre necesaria— en tiempos en que el debate público corre el riesgo de volverse superficial, binario o complaciente.

Quedamos abiertos a continuar este diálogo con el rigor, la esperanza y la seriedad que la educación del país merece.

Con respeto te reiteramos nuestra admiración y reconocimiento.

ORIENTA

Instituto Mexicano de Orientación y Evaluación Educativa, S.C.

lunes, 17 de noviembre de 2025

 Ludopatía: Un problema de salud pública ignorado

JMS 
3/03/25 

Se estima que hoy en día alrededor de 3.9 millones de personas en México padecen ludopatía, lo que equivale al 3% de la población nacional. Para quienes enfrentan esta adicción, las repercusiones van más allá del juego mismo: pueden sufrir serias afectaciones económicas, perder estabilidad laboral y ver dañadas sus relaciones personales y familiares.

A pesar de la magnitud del problema, México no cuenta con estadísticas oficiales sobre la ludopatía y sus impactos sociales. Esta falta de información dificulta la creación de estrategias efectivas que permitan atender a quienes sufren esta adicción y prevenir su avance.

Consecuencias sociales de la proliferación sin control de casas de apuestas

Distintos estudios han señalado que el crecimiento acelerado de estos establecimientos no solo está relacionado con la ludopatía, sino que también puede generar otros problemas sociales:

  • Lavado de dinero: Algunos casinos pueden ser utilizados como fachada para actividades ilícitas relacionadas con el blanqueo de capitales.
  • Aumento de la prostitución: Se ha observado que en las zonas cercanas a casinos suelen incrementarse actividades de prostitución.
  • Despilfarro económico: Muchas personas con problemas de juego llegan a gastar cantidades excesivas de dinero, afectando su economía personal y la de sus familias.

La importancia de la investigación y la regulación

Dado que en México aún falta información precisa sobre la ludopatía y sus efectos, es urgente impulsar investigaciones que permitan comprender mejor la situación y diseñar estrategias de prevención y apoyo. Asimismo, es fundamental establecer regulaciones más estrictas para controlar la expansión de las casas de apuestas y minimizar sus impactos negativos.

Un desafío que requiere acción inmediata

La creciente presencia y publicidad de casas de apuestas en el país no es un tema menor. Sus efectos trascienden el ámbito del entretenimiento y afectan la salud pública, la seguridad y la economía de muchas familias. Por ello, es esencial que tanto las autoridades como la sociedad en su conjunto busquen soluciones que protejan a las personas más vulnerables y reduzcan los enormes riesgos asociados a la ludopatía.

martes, 11 de noviembre de 2025

 


Más que un derecho incumplido:

La educación inicial como una política de Estado pendiente

 

Jorge Martínez Stack

ORIENTA

Instituto Mexicano de Orientación y Evaluación Educativa, S.C.


En su más reciente colaboración para *El Universal* (8 de noviembre de 2025), el Dr. Manuel Gil Antón ofrece un diagnóstico lúcido y necesario sobre las enormes deficiencias en cobertura de la educación inicial en México. Según los datos que cita, apenas el 3.8 % de las niñas y niños menores de tres años acceden a servicios institucionales, lo que equivale a un incumplimiento masivo del derecho constitucional que el artículo 3º reconoce como obligatorio y responsabilidad directa del Estado.
Su tono es de justa indignación: un derecho no ejercido es una injusticia.

Sin embargo, aun reconociendo la pertinencia de su crítica, creemos que su análisis deja fuera un aspecto crucial: la educación inicial no es solo un asunto de cobertura, sino el cimiento estratégico del desarrollo nacional. Su valor no se limita a brindar espacios de socialización o juego; es la etapa donde se construye la arquitectura cerebral, la base afectiva y el andamiaje social sobre los que descansan las capacidades de aprendizaje, convivencia y productividad de toda una generación.

1. La educación inicial: mucho más que juego y socialización

El Programa Sintético de Educación Inicial (Fase 1, 2023) —poco mencionado en los debates públicos— no se reduce a un enfoque lúdico o asistencial. Está organizado en cuatro campos formativos:

• Lenguajes: narrativo, corporal, artístico y digital.

• Saberes y pensamiento científico: exploración sensorial, relación causa-efecto.

• Cuidado de sí y de los otros: autonomía, empatía, higiene, autorregulación.

• Ética, naturaleza y sociedades: identidad, pertenencia y sostenibilidad.

Estos campos responden a una base neurocientífica sólida. Sabemos que entre los 0 y 3 años ocurre hasta el 90 % de la consolidación de la arquitectura cerebral (Center on the Developing Child, Harvard). En ese mismo periodo se generan hasta un trillón de sinapsis, cuya densidad depende de los estímulos y del entorno afectivo. Las funciones ejecutivas —memoria de trabajo, control inhibitorio, planeación— se fortalecen con interacciones adultas responsivas y sostenidas. 

En otras palabras: la educación inicial no es un lujo lúdico, es una inversión en capital humano y social. Cada año sin acceso implica pérdidas irreversibles en desarrollo cognitivo y socioemocional. James Heckman lo demostró hace dos décadas: el retorno económico y social por cada dólar invertido en primera infancia es el más alto de todo el ciclo educativo.

2. La política del abandono: cuando “los niños no votan” Si la cobertura es precaria, las decisiones de política pública recientes agravaron el problema. El cierre del programa de Estancias Infantiles de SEDESOL (2007-2019) y su sustitución por transferencias monetarias directas representaron un retroceso estructural.

Modelo anterior (2007-2019):

- 9 000 estancias, 330 000 niñas y niños

- Personal capacitado en pedagogía, nutrición y salud

- Horario extendido de 8 horas

- Supervisión educativa y de seguridad


Modelo actual (2019-2025):

- Becas de $1 600 bimestrales sin supervisión

- Familias sin formación pedagógica

- Cuidado informal (abuelas, tías)

- Ausencia de estándares y seguimiento


        Las consecuencias están documentadas:

- INEGI (2023): aumento del 18 % en trabajo infantil (6-11 años).

- CONEVAL (2024): 62 % de madres beneficiarias reportan estrés y falta de estímulos educativos en casa.

- Estudio longitudinal (UIA, 2025): los niños que asistieron a las antiguas estancias superan en 0.4 DE en lenguaje y autorregulación a quienes solo recibieron beca.


La política de transferencias desprofesionalizó la educación inicial, trasladando la carga de cuidado a las madres trabajadoras y acentuando las desigualdades de género y clase.


3. Reconstruir el cimiento: hacia un pacto nacional por la primera infancia

México posee un currículo de vanguardia y marcos normativos claros, pero carece de una política pública integral. Si la educación inicial es el punto de partida de la justicia educativa, se requiere un compromiso de Estado que trascienda el sexenio.


Acciones prioritarias:

1. Recuperar y ampliar la red de centros públicos de calidad (CENDI 2.0): con una proporción ideal de 1 adulto por cada 4 niños y currículo supervisado.

2. Profesionalizar a 100 000 agentes educativos en cinco años: mediante formación dual (bachillerato + pedagogía).

3. Condicionar las transferencias económicas a la participación en programas supervisados de estimulación temprana.

4. Evaluar procesos y no solo matrícula: medir interacciones, bienestar, uso del lenguaje y desarrollo socioemocional.


Una conclusión preliminar

El Dr. Gil Antón tiene razón en su diagnóstico de exclusión. Subestima, sin embargo, el potencial transformador de la educación inicial y el daño estructural que ha significado su abandono político.

La educación inicial no es una promesa pendiente: es el punto de partida de toda justicia social. Un país que renuncia a educar a su infancia desde la cuna no ahorra recursos: hipoteca su futuro.

martes, 29 de abril de 2025

 

El Presupuesto Participativo en la Ciudad de México:

Orígenes, Demagogia y Contradicciones[1]

Jorge Martínez Stack


El Presupuesto Participativo (PP) en la Ciudad de México, implementado desde 2011, se presenta como un mecanismo de democracia directa que permite a los ciudadanos proponer y decidir sobre proyectos para mejorar sus colonias, barrios y pueblos originarios, utilizando un porcentaje del presupuesto de las alcaldías (actualmente el 4%). Si bien las autoridades lo promocionan como una herramienta de empoderamiento ciudadano, su diseño, implementación y narrativa oficial revelan un uso demagógico, limitaciones estructurales y contradicciones que cuestionan su eficacia y autenticidad.

En este trabajo, se analizan sus orígenes, el manejo político del programa, la suposición de que los ciudadanos siempre conocen mejor sus necesidades, el problema de los montos homogéneos y la contradicción con los Programas Operativos Anuales (POA) de las alcaldías.

Orígenes del Presupuesto Participativo: Una copia adaptada

El PP en la Ciudad de México no es una invención local, sino una adaptación de experiencias internacionales, particularmente del modelo pionero implementado en Porto Alegre, Brasil, en 1989. En Porto Alegre, el Partido de los Trabajadores impulsó el PP como un mecanismo para democratizar la asignación de recursos municipales, priorizando las necesidades de comunidades marginadas mediante asambleas abiertas y deliberativas. Este modelo se extendió por América Latina, inspirando programas en países como Argentina, Chile, Perú y Uruguay. En México, las primeras experiencias se registraron en municipios como Cuquío, Jalisco, y en delegaciones de la Ciudad de México (Tlalpan, Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo) desde 2001, aunque sin un diseño homogéneo ni continuidad.

La versión mexicana, regulada por la Ley de Participación Ciudadana del Distrito Federal (2010) y posteriormente por la Ley de Participación Ciudadana de la Ciudad de México (2019), adoptó elementos del modelo brasileño, como la presentación de propuestas ciudadanas y la consulta popular, pero con diferencias clave: en Porto Alegre, las decisiones eran más vinculantes y las asambleas tenían un rol deliberativo central, mientras que en la Ciudad de México, las alcaldías y el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) mantienen un control significativo sobre la dictaminación, ejecución y vigilancia de los proyectos, limitando el poder ciudadano.

Uso demagógico del programa

El PP se promociona con un discurso pomposo que exalta la participación ciudadana como un pilar de la democracia local, con campañas como “Enchula tu Colonia” que buscan proyectar una imagen de inclusión y empoderamiento. Sin embargo, este discurso oculta un uso demagógico del programa, caracterizado por:

  • Baja participación ciudadana: Entre 2011 y 2018, la afluencia a las consultas del PP fue extremadamente baja, lo que refleja un diseño institucional que no incentiva la participación masiva. Las facultades de las alcaldías en la dictaminación y ejecución de proyectos desalientan a los ciudadanos, quienes perciben que su voz tiene un impacto limitado.
  • Manipulación política: Las autoridades han utilizado el PP para legitimar sus agendas, presentándolo como un logro democrático mientras mantienen el control sobre los resultados. Según Goldfrank (2006) y Bastida (2011), los presupuestos participativos son vulnerables a distorsiones políticas, burocráticas y financieras, y en la Ciudad de México, las alcaldías pueden rechazar proyectos ciudadanos bajo criterios técnicos o jurídicos poco transparentes, lo que permite priorizar sus propios intereses.
  • Falta de seguimiento y rendición de cuentas: Aunque la Ley de 2019 introdujo comités ciudadanos de vigilancia, la ejecución de los proyectos sigue dependiendo de las alcaldías, y los ciudadanos tienen un rol secundario en la fiscalización. Esto genera desconfianza y refuerza la percepción de que el PP es más un ejercicio de imagen que una herramienta transformadora.

El discurso oficial exagera los beneficios del PP, ignorando estas limitaciones y presentándolo como una solución universal para las necesidades locales, lo que constituye una forma de demagogia que busca capitalizar políticamente la participación ciudadana sin garantizar resultados sustantivos.

La cuestionable suposición de que los ciudadanos conocen mejor sus necesidades

El PP parte de la premisa de que los ciudadanos, por vivir en sus comunidades, tienen un conocimiento privilegiado de las necesidades urgentes de su entorno. Si bien esta idea es atractiva, es cuestionable por varias razones:

  • Falta de información técnica: Los ciudadanos no siempre cuentan con los conocimientos técnicos, financieros o normativos necesarios para proponer proyectos viables. Por ejemplo, un proyecto de infraestructura puede parecer prioritario, pero ignorar restricciones legales o ambientales, lo que lleva a su rechazo por los órganos dictaminadores. El IECM ofrece asesoría, pero esta es insuficiente para cerrar la brecha de conocimiento.
  • Sesgos comunitarios: Las propuestas ciudadanas pueden reflejar intereses de grupos específicos (como líderes vecinales o sectores vocales) en lugar de necesidades colectivas. Esto puede marginar a comunidades menos organizadas o con menor acceso a las asambleas.
  • Limitada deliberación: A diferencia de Porto Alegre, donde las asambleas fomentaban un debate profundo, en la Ciudad de México las Asambleas de Diagnóstico y Deliberación (ADyD) son más informativas que deliberativas, lo que reduce la capacidad de los ciudadanos para priorizar necesidades de manera informada y consensuada.

Esta suposición idealiza la capacidad de los ciudadanos para identificar y articular soluciones, ignorando las barreras estructurales y la necesidad de un acompañamiento técnico robusto.

Montos homogéneos: Una forma de demagogia

El PP asigna el 4% del presupuesto anual de cada alcaldía, dividido de manera igualitaria entre todas las colonias, pueblos y barrios originarios de la demarcación. Esta distribución homogénea es problemática y refuerza el carácter demagógico del programa:

  • Ignora la diversidad socioeconómica: Las colonias de la Ciudad de México tienen necesidades y contextos muy distintos. Por ejemplo, una colonia marginada como Minas Polvorilla (Iztapalapa) requiere intervenciones más costosas (como drenaje o pavimentación) que una colonia de clase media como Polanco (Miguel Hidalgo), donde las prioridades pueden ser estéticas o recreativas. Los montos homogéneos no reflejan estas disparidades, limitando el impacto en comunidades con mayores carencias.
  • Fomenta proyectos pequeños y fragmentados: Los montos asignados (por ejemplo, entre 200,000 y 500,000 pesos por unidad territorial, según el tamaño y las condiciones de la colonia) son insuficientes para proyectos estructurales. Esto lleva a propuestas de bajo impacto, como pintura de fachadas o colocación de luminarias, que las autoridades pueden exhibir como “éxitos” sin abordar problemas de fondo.
  • Percepción de igualdad engañosa: La distribución igualitaria se presenta como una medida de justicia, pero en realidad perpetúa inequidades al no considerar factores como la población, la pobreza multidimensional o la incidencia delictiva. Desde 2022, el 50% del presupuesto se reparte proporcionalmente según estos criterios, pero el otro 50% sigue siendo homogéneo, lo que diluye el potencial transformador del programa.

Esta política de montos homogéneos es demagógica porque proyecta una falsa equidad, mientras que en la práctica restringe la capacidad de las comunidades más necesitadas para financiar proyectos significativos.

Contradicción entre el POA y las propuestas ciudadanas

Una de las contradicciones más evidentes del PP es su relación con el Programa Operativo Anual (POA) de las alcaldías, que establece las prioridades presupuestales de cada demarcación. El POA, diseñado por las autoridades con base en diagnósticos técnicos y políticos, a menudo entra en conflicto con las propuestas ciudadanas del PP:

  • Prioridades divergentes: Los proyectos del PP, al ser definidos por los ciudadanos, pueden no alinearse con las metas del POA, que responde a una visión administrativa más amplia. Por ejemplo, una colonia puede proponer un parque recreativo, pero el POA podría priorizar infraestructura hidráulica. Las alcaldías, al dictaminar la viabilidad de los proyectos, suelen rechazar aquellos que no encajan con el POA, lo que limita la autonomía ciudadana.
  • Duplicidad o redundancia: Algunos proyectos del PP coinciden con obras ya previstas en el POA (como reparación de banquetas o alumbrado), lo que genera una percepción de ineficiencia o manipulación, ya que las autoridades pueden atribuirse el crédito por iniciativas ciudadanas.
  • Falta de integración: No existe un mecanismo formal para integrar las propuestas del PP en la planeación del POA, lo que refuerza la desconexión entre los ejercicios participativos y las políticas públicas de las alcaldías. Esto contradice el espíritu del PP, que busca que las decisiones ciudadanas tengan un impacto real en la gestión municipal.

Esta contradicción evidencia que el PP opera como un ejercicio paralelo, con un impacto limitado en la planeación estratégica de las alcaldías, lo que refuerza su carácter simbólico más que transformador.

Otros problemas estructurales o de diseño

Además de los puntos anteriores, el PP enfrenta otras limitaciones que alimentan su carácter demagógico:

  • Burocratización: El proceso de registro, dictaminación y ejecución de proyectos es complejo y depende de órganos técnico-administrativos (como los Órganos Dictaminadores de las alcaldías), lo que desalienta la participación de ciudadanos sin experiencia en trámites gubernamentales.
  • Falta de continuidad: Muchos proyectos ganadores no se ejecutan en el tiempo establecido o quedan inconclusos debido a problemas presupuestales o administrativos, lo que frustra a las comunidades y reduce la confianza en el programa.
  • Desigualdad en la participación: Las colonias con mayor organización social o acceso a recursos (como asesoría técnica) tienden a presentar mejores proyectos, mientras que las comunidades marginadas enfrentan barreras para participar efectivamente, perpetuando desigualdades.

Colofón

El Presupuesto Participativo en la Ciudad de México, inspirado en el modelo de Porto Alegre, se ha convertido en un instrumento más simbólico que transformador. Su promoción como una herramienta de empoderamiento ciudadano encubre un uso demagógico, donde las autoridades capitalizan la narrativa de la participación sin garantizar un impacto sustantivo. La suposición de que los ciudadanos siempre conocen mejor sus necesidades ignora las barreras técnicas y sociales que limitan su participación. La asignación de montos homogéneos perpetúa inequidades al no considerar las disparidades entre colonias, mientras que la contradicción con el POA evidencia la desconexión entre las propuestas ciudadanas y la planeación oficial. Para que el PP cumpla su promesa democrática, sería necesario reformar su diseño institucional, fortalecer la capacitación ciudadana, garantizar una distribución equitativa de recursos y alinear las propuestas con los planes estratégicos de las alcaldías, evitando que siga siendo un ejercicio demagógica y superficial solo para el manejo de la imagen política de autoridades y burócratas.



[1] Este trabajo fue elaborado con el apoyo en diversas consultas a la plataforma de IA de “X”, Grok, realizadas entre el 27 y 29 de abril de 2025.

miércoles, 16 de abril de 2025

 

En México quién o qué autoridad puede o tiene la facultad de 

prohibir música?[1]                                                                                                                                             

En México, ninguna autoridad tiene la facultad expresa de prohibir música de manera general o absoluta, ya que la libertad de expresión está protegida por el Artículo 6 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Sin embargo, existen casos específicos en los que ciertas autoridades pueden imponer restricciones o regulaciones relacionadas con la difusión de música, bajo circunstancias particulares:

  1. Autoridades municipales o estatales:
  • En algunos estados o municipios, como en Sinaloa o Chihuahua, se han emitido acuerdos o decretos locales para restringir la reproducción de ciertos géneros musicales, como los narcocorridos, en espacios públicos o eventos privados, argumentando que pueden promover la violencia o el crimen organizado. Estas medidas suelen basarse en leyes locales de orden público o prevención del delito, pero no son prohibiciones totales de la música en sí, sino limitaciones en contextos específicos.
  • Ejemplo: En 2023, el gobierno de Sinaloa prohibió la interpretación de narcocorridos en bares, restaurantes y eventos públicos, con multas para quienes incumplieran
  1. Secretaría de Gobernación (SEGOB):
    • A nivel federal, la SEGOB, a través de la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC), regula contenidos en medios de comunicación. Puede emitir lineamientos para evitar la difusión de contenido que se considere contrario a la moral, incite a la violencia o vulnere derechos, pero esto aplica más a medios tradicionales (radio y TV) que a música en general.

  • Instituto Nacional del Derecho de Autor (INDAUTOR):
    • En casos de violación de derechos de autor, el INDAUTOR puede intervenir para suspender la distribución o reproducción de una obra musical, pero esto no equivale a una prohibición cultural o artística, sino a una medida legal por propiedad intelectual.

  • Poder Judicial:
    • Un juez podría ordenar la suspensión de la difusión de una pieza musical si se determina que viola derechos fundamentales, como en casos de difamación, incitación al odio o violencia explícita, pero esto sería excepcional y requeriría un proceso legal.

  • Limitaciones:
  1. Las restricciones suelen ser locales y no nacionales.
  2. Cualquier intento de prohibición debe respetar la libertad de expresión, y medidas excesivas podrían ser impugnadas ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) por inconstitucionalidad.
  3. Organismos como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) pueden intervenir si consideran que una prohibición vulnera derechos.
  • Conclusión provisional

No existe una autoridad con poder general para prohibir música en México, pero ciertas regulaciones locales o medidas específicas pueden limitar su difusión en contextos particulares, siempre sujetas a los límites constitucionales.



[1] Notas elaboradas con base en consultas a la plataforma IA Grek (abril de 2025),