martes, 25 de noviembre de 2025

 

                  


  

Carta pública al Dr. Manuel Gil Antón

 Estimado Dr. Gil Antón:

Te enviamos un cordial saludo y nuestro más grande reconocimiento por tu constante contribución al análisis educativo en México. Desde hace años, tus columnas han tenido un efecto invaluable: poner frente a la opinión pública problemas estructurales que suelen quedar confinados a aulas académicas, informes técnicos o conversaciones especializadas.

Tu reciente texto “Estar en la escuela: destinos desiguales” (publicado en El Universal) nos interpela con claridad y solidez intelectual. La secuencia estadística que reconstruye —desde el ingreso a primaria hasta la culminación de la educación superior— es tan simple en apariencia como brutal en significado: de cada cien niñas y niños, apenas una parte logra recorrer la ruta que la Constitución reconoce como obligatoria y universal. Ese dato, presentado en clave humana y no solo numérica, incomoda como debe incomodar una verdad que el país ha normalizado.

En ORIENTA coincidimos contigo con el sentido de urgencia que plantea: la exclusión educativa no es un fenómeno marginal, sino el resultado acumulado de desigualdades persistentes que la escuela, en lugar de corregir, reproduce o amplifica.

Al mismo tiempo —y lo planteamos con espíritu de diálogo más que de disenso— nos gustaría ampliar una parte del planteamiento final de tu columna: la idea de que la solución requiere, ante todo, una figura con visión de estadista y liderazgo excepcional.

Entendemos, como nos los has recordado en múltiples conversaciones previas, que el espacio de una columna en prensa escrita obliga a la síntesis y a tomar decisiones discursivas que dejan fuera matices y complejidades. Una columna no es un ensayo, ni una ponencia, ni un proyecto de nación: es una chispa que prende o motiva el inicio de la conversación colectiva.

Mi reflexión complementaria no es un cuestionamiento a tu intención, sino una invitación a continuar la discusión en una dirección que considero conveniente y necesaria.

El desafío educativo que enfrentamos no es únicamente —ni principalmente— una cuestión de voluntad individual. El problema no radica en la ausencia de una figura iluminada, sino en la ausencia de un Estado capaz de sostener políticas públicas estables, equitativas y transexenales. Es decir: No es falta de voluntad: es falta de Estado.

Las transformaciones educativas duraderas en el mundo —Portugal, Uruguay, Ontario, Finlandia, Corea del Sur— no surgieron de una persona providencial, sino de acuerdos amplios, instituciones fuertes, participación social y compromisos sostenidos más allá de los ciclos electorales.

Considero que tu columna abre precisamente ese espacio: el reconocimiento de la magnitud del problema y la urgencia de construir un horizonte común que no dependa del liderazgo excepcional, sino de la responsabilidad pública compartida.

Agradezco tu trabajo, tu persistencia y tu voz —siempre necesaria— en tiempos en que el debate público corre el riesgo de volverse superficial, binario o complaciente.

Quedamos abiertos a continuar este diálogo con el rigor, la esperanza y la seriedad que la educación del país merece.

Con respeto te reiteramos nuestra admiración y reconocimiento.

ORIENTA

Instituto Mexicano de Orientación y Evaluación Educativa, S.C.

lunes, 17 de noviembre de 2025

 Ludopatía: Un problema de salud pública ignorado

JMS 
3/03/25 

Se estima que hoy en día alrededor de 3.9 millones de personas en México padecen ludopatía, lo que equivale al 3% de la población nacional. Para quienes enfrentan esta adicción, las repercusiones van más allá del juego mismo: pueden sufrir serias afectaciones económicas, perder estabilidad laboral y ver dañadas sus relaciones personales y familiares.

A pesar de la magnitud del problema, México no cuenta con estadísticas oficiales sobre la ludopatía y sus impactos sociales. Esta falta de información dificulta la creación de estrategias efectivas que permitan atender a quienes sufren esta adicción y prevenir su avance.

Consecuencias sociales de la proliferación sin control de casas de apuestas

Distintos estudios han señalado que el crecimiento acelerado de estos establecimientos no solo está relacionado con la ludopatía, sino que también puede generar otros problemas sociales:

  • Lavado de dinero: Algunos casinos pueden ser utilizados como fachada para actividades ilícitas relacionadas con el blanqueo de capitales.
  • Aumento de la prostitución: Se ha observado que en las zonas cercanas a casinos suelen incrementarse actividades de prostitución.
  • Despilfarro económico: Muchas personas con problemas de juego llegan a gastar cantidades excesivas de dinero, afectando su economía personal y la de sus familias.

La importancia de la investigación y la regulación

Dado que en México aún falta información precisa sobre la ludopatía y sus efectos, es urgente impulsar investigaciones que permitan comprender mejor la situación y diseñar estrategias de prevención y apoyo. Asimismo, es fundamental establecer regulaciones más estrictas para controlar la expansión de las casas de apuestas y minimizar sus impactos negativos.

Un desafío que requiere acción inmediata

La creciente presencia y publicidad de casas de apuestas en el país no es un tema menor. Sus efectos trascienden el ámbito del entretenimiento y afectan la salud pública, la seguridad y la economía de muchas familias. Por ello, es esencial que tanto las autoridades como la sociedad en su conjunto busquen soluciones que protejan a las personas más vulnerables y reduzcan los enormes riesgos asociados a la ludopatía.

martes, 11 de noviembre de 2025

 


Más que un derecho incumplido:

La educación inicial como una política de Estado pendiente

 

Jorge Martínez Stack

ORIENTA

Instituto Mexicano de Orientación y Evaluación Educativa, S.C.


En su más reciente colaboración para *El Universal* (8 de noviembre de 2025), el Dr. Manuel Gil Antón ofrece un diagnóstico lúcido y necesario sobre las enormes deficiencias en cobertura de la educación inicial en México. Según los datos que cita, apenas el 3.8 % de las niñas y niños menores de tres años acceden a servicios institucionales, lo que equivale a un incumplimiento masivo del derecho constitucional que el artículo 3º reconoce como obligatorio y responsabilidad directa del Estado.
Su tono es de justa indignación: un derecho no ejercido es una injusticia.

Sin embargo, aun reconociendo la pertinencia de su crítica, creemos que su análisis deja fuera un aspecto crucial: la educación inicial no es solo un asunto de cobertura, sino el cimiento estratégico del desarrollo nacional. Su valor no se limita a brindar espacios de socialización o juego; es la etapa donde se construye la arquitectura cerebral, la base afectiva y el andamiaje social sobre los que descansan las capacidades de aprendizaje, convivencia y productividad de toda una generación.

1. La educación inicial: mucho más que juego y socialización

El Programa Sintético de Educación Inicial (Fase 1, 2023) —poco mencionado en los debates públicos— no se reduce a un enfoque lúdico o asistencial. Está organizado en cuatro campos formativos:

• Lenguajes: narrativo, corporal, artístico y digital.

• Saberes y pensamiento científico: exploración sensorial, relación causa-efecto.

• Cuidado de sí y de los otros: autonomía, empatía, higiene, autorregulación.

• Ética, naturaleza y sociedades: identidad, pertenencia y sostenibilidad.

Estos campos responden a una base neurocientífica sólida. Sabemos que entre los 0 y 3 años ocurre hasta el 90 % de la consolidación de la arquitectura cerebral (Center on the Developing Child, Harvard). En ese mismo periodo se generan hasta un trillón de sinapsis, cuya densidad depende de los estímulos y del entorno afectivo. Las funciones ejecutivas —memoria de trabajo, control inhibitorio, planeación— se fortalecen con interacciones adultas responsivas y sostenidas. 

En otras palabras: la educación inicial no es un lujo lúdico, es una inversión en capital humano y social. Cada año sin acceso implica pérdidas irreversibles en desarrollo cognitivo y socioemocional. James Heckman lo demostró hace dos décadas: el retorno económico y social por cada dólar invertido en primera infancia es el más alto de todo el ciclo educativo.

2. La política del abandono: cuando “los niños no votan” Si la cobertura es precaria, las decisiones de política pública recientes agravaron el problema. El cierre del programa de Estancias Infantiles de SEDESOL (2007-2019) y su sustitución por transferencias monetarias directas representaron un retroceso estructural.

Modelo anterior (2007-2019):

- 9 000 estancias, 330 000 niñas y niños

- Personal capacitado en pedagogía, nutrición y salud

- Horario extendido de 8 horas

- Supervisión educativa y de seguridad


Modelo actual (2019-2025):

- Becas de $1 600 bimestrales sin supervisión

- Familias sin formación pedagógica

- Cuidado informal (abuelas, tías)

- Ausencia de estándares y seguimiento


        Las consecuencias están documentadas:

- INEGI (2023): aumento del 18 % en trabajo infantil (6-11 años).

- CONEVAL (2024): 62 % de madres beneficiarias reportan estrés y falta de estímulos educativos en casa.

- Estudio longitudinal (UIA, 2025): los niños que asistieron a las antiguas estancias superan en 0.4 DE en lenguaje y autorregulación a quienes solo recibieron beca.


La política de transferencias desprofesionalizó la educación inicial, trasladando la carga de cuidado a las madres trabajadoras y acentuando las desigualdades de género y clase.


3. Reconstruir el cimiento: hacia un pacto nacional por la primera infancia

México posee un currículo de vanguardia y marcos normativos claros, pero carece de una política pública integral. Si la educación inicial es el punto de partida de la justicia educativa, se requiere un compromiso de Estado que trascienda el sexenio.


Acciones prioritarias:

1. Recuperar y ampliar la red de centros públicos de calidad (CENDI 2.0): con una proporción ideal de 1 adulto por cada 4 niños y currículo supervisado.

2. Profesionalizar a 100 000 agentes educativos en cinco años: mediante formación dual (bachillerato + pedagogía).

3. Condicionar las transferencias económicas a la participación en programas supervisados de estimulación temprana.

4. Evaluar procesos y no solo matrícula: medir interacciones, bienestar, uso del lenguaje y desarrollo socioemocional.


Una conclusión preliminar

El Dr. Gil Antón tiene razón en su diagnóstico de exclusión. Subestima, sin embargo, el potencial transformador de la educación inicial y el daño estructural que ha significado su abandono político.

La educación inicial no es una promesa pendiente: es el punto de partida de toda justicia social. Un país que renuncia a educar a su infancia desde la cuna no ahorra recursos: hipoteca su futuro.